Antes de gastar de verdad, pruébalo con algo que funcione de verdad.
Tenéis una idea — un producto nuevo, una forma distinta de atender a un tipo de cliente, una función que creéis que falta en el mercado. La pregunta no es si es una buena idea sobre el papel: es si alguien la usaría si existiera. Y eso no se responde con un mockup ni con una propuesta de negocio; se responde con algo que la gente pueda tocar.
Cómo lo abordo aquí
Recorto la idea hasta la versión más pequeña que permite responder la pregunta real — normalmente mucho más pequeña de lo que se imagina al principio, porque construir para validar es distinto de construir para lanzar. La construyo funcionando, con datos reales donde sea posible, y la pongo delante de un puñado de usuarios reales antes de que nadie decida invertir más. Si la respuesta es "no", lo sabéis en semanas, no después de un año de desarrollo.
Qué suele encajar
Prototipo funcional, no maqueta: backend real, aunque simplificado, con la funcionalidad mínima que demuestra si la idea tiene tracción. Pensado para poder crecer después si funciona, sin tener que tirarlo y empezar de cero.